lunes, 15 de febrero de 2010


La necesidad de afecto nos hace sentir como si estuviéramos en un desierto; al encontrar a alguien sentimos que llegamos a un oasis. La pregunta es: ¿Que hacemos con los camellos?

Si uno es muy ansioso hay que saber controlarse. Si la persona siente que nos abalanzamos sobre ella como una enorme demanda amorosa, se asustará, se va a mostrar retraída porque sentirá que nos la tragamos; nos ofreció un ratito de su tiempo y nosotros le acaparamos el calendario.
Cuando se es muy absorbente se persigue con cualquier cosa, interpretándola, inmediatamente, como que ya nos quiere menos.

Ser como uno es no implica encontrar lo que uno busca.

Idealizar es ver a nuestra media naranja como si fuera la central de abastos. Es una especie de maquillaje global con el que le damos una mejoradita a el postulante y lo ponemos más a tono con lo que andábamos buscando.

Ya no digamos que nadie se suicidaría por amor, ni se resfriaría si quitáramos la idealización. Porque ésa es su función: convencernos, sin palabras ni pérdida de tiempo, como una especie de súpercomercial, de que queremos, de que nos urge unirnos a esa persona única entre millones.

¿Por qué creen que alguien se nos hace la octava maravilla y despúes de que suceden algunas experiencias, o sea que no hubo una transmutación ni la reemplazó un marciano, esa misma persona se nos hace monstruhorrible?

La mayoría de la gente opina que idealizar no es bueno, que lo que está bien, lo sano, es vivir la realidad, enfrentar las cosas como son.

La impresión de lo maravillosa que es un persona es directamente proporcional al tiempo que llevamos solos.

La impresión de lo maravillosa que es un persona es directamente proporcional a la cantidad de dificultades.

No se dejen autoengañar por personas desconocidas; recurran a sus propios autoengaños, más conocidos, más confiables.

Hay cambios posibles e imposibles (la diferencia radica en que los imposibles no se producen nunca y los posibles tardan toda la vida).

Lo esencial es invisible a los ojos y lo evidente es invisible al sentido común.

El sentido común es impermeable.

Hay que aprender a decir: "NO". Es muy sencillo: uno dice "No..." y luego salimos corriendo, o nos cubrimos la cabeza... o le pedimos que no nos deje.

Y no sabemos cómo fue, no sé decirte cómo fue, no sé como explicarte qué pasó, pero de ti me enamoré... Y ya estamos echando baba atrás de alguien que nunca habíamos visto. Un minuto antes estábamos de lo más bien, contentos y plenos por el mundo; un minuto despúes sentimos que no podemos vivir sin esa persona que acabamos de conocer.
La pregunta es: ¿realmente sabíamos a quíen buscábamos o su apareción nos toma por sorpresa?

La soledad no nos gusta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario